INFORME AGRONÓMICO |
La Pampa. Con el período crítico en marcha, el faltante de lluvias desafía a la campaña estival
Relevamiento del 19 al 25 de enero
Enero cerró la siembra y acentuó el estrés por altas temperaturas y falta de agua, deteriorando el estado general y profundizando la heterogeneidad. Los mayores impactos se observaron en maíz temprano y girasol durante su período crítico, mientras hacia el cierre del relevamiento se registraron lluvias más generalizadas con mejoras parciales.


Durante la primera quincena de enero finalizó la siembra estival en La Pampa, y el ciclo se desarrolla con los cultivos establecidos y con un contraste creciente entre regiones y fechas de siembra. En general, el inicio de la campaña permitió un buen arranque, aunque con lluvias desparejas y reservas que en distintos sectores se presentaban ajustadas.
Sin embargo, la tendencia de altas temperaturas y escasez de lluvias observada en los meses previos se sostuvo e intensificó durante enero, incrementando la presencia de síntomas de estrés hídrico y térmico en la mayoría de los cultivos. En este contexto, el relevamiento muestra un deterioro del estado general en todos los cultivos, con una mayor proporción de lotes en condición regular y mala respecto de diciembre. Hacia el cierre del período relevado se registraron lluvias más generalizadas que comenzaron a recomponer la disponibilidad de agua, generando expectativas, aunque aún insuficientes para revertir el cuadro de estrés, con respuestas desiguales según ambiente, cultivo y nivel de manejo.

Aun con este cambio, el maíz temprano y el girasol se encuentran atravesando el período crítico, por lo que el estrés coincidió con etapas de alta demanda hídrica y se tradujo en pérdidas de potencial en numerosos lotes. En el caso del maíz temprano, los colaboradores reportaron lotes muy afectados y, en algunos casos, destinados a uso forrajero (consumo en pie o ensilaje). Si bien los daños en maíz temprano son muy marcados, su menor participación en la superficie implantada podría atenuar el efecto a escala provincial. En contraste, los maíces tardíos se sostienen en mejor condición, aunque sujetos a la ocurrencia de precipitaciones para completar su ciclo.

En girasol, los colaboradores reportan respuestas heterogéneas, asociadas a distintas fechas de siembra y a la marcada influencia del ambiente. En general, los lotes de fechas tempranas aparecen como los más comprometidos, con desuniformidad y variación en tamaño de capítulos, especialmente en sectores más restrictivos y con menor profundidad del suelo. En contraste, se describen mejores desempeños en zonas de mayor productividad, como sectores de Chapaleufú, Maracó y Quemú Quemú, o donde se registraron lluvias oportunas. En algunos casos, se optó por ingresar hacienda a los lotes en peor estado y aprovechar el cultivo como forraje, descartando la posibilidad de que llegue a cosecha, una estrategia de emergencia muy usada en años malos. En este marco, el llenado se mantiene como tramo determinante para el resultado final.
La soja temprana y el maní transitan floración y se aproximan a su período crítico, mientras que la soja tardía y el sorgo permanecen mayormente en etapa vegetativa. En soja, los colaboradores reportan una situación dispar: mayor afectación en soja de primera y una mejor respuesta relativa en parte de la soja de segunda tras lluvias recientes, aunque con alta dependencia de nuevos aportes. En maní se señalan síntomas de estrés en las horas de mayor demanda, como pliegue de folíolos, y en sorgo un deterioro más evidente del estado general, a la espera de precipitaciones que permitan su recuperación; en algunos casos, como en la zona de Quehué, se informaron tormentas con viento y granizo que provocaron desflecado foliar.

En cuanto al estado sanitario, los reportes indican en general baja presión y ausencia de incidencias generalizadas. En maíz, se mencionaron registros puntuales la isoca cogollera (Spodoptera frugiperda), además de apariciones aisladas de chicharrita (Dalbulus maidis), mayormente con incidencia baja. En girasol, se reportó roya blanca (Pustula helianthicola) en forma puntual y presencia baja de medidora (Rachiplusia nu) y gata peluda (Spilosoma virginica), sin configurarse un problema extendido. En soja y maní, la principal adversidad informada fue la arañuela roja (Tetranychus urticae), con niveles variables entre zonas (de baja a media, con algunos casos altos), favorecida por condiciones de baja humedad; de manera aislada se mencionaron oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) y medidora en soja. En sorgo, no se reportaron problemas sanitarios relevantes en los registros recibidos.
Contexto climático
Durante la primera parte de enero predominó una escasez de lluvias que limitó la disponibilidad de agua para los cultivos. Hacia la última semana del mes se registraron precipitaciones más generalizadas, con mayores acumulados en el norte; el máximo semanal reportado fue de 70 mm en General Pico. Estas lluvias permitieron una mejora del agua útil en el perfil respecto de la semana previa y, en términos de acumulados mensuales, en la mayoría de los departamentos de la zona relevada enero se ubicó cerca o por encima del promedio histórico; donde resultó inferior, fue solo levemente. No obstante, los mapas indican que la disponibilidad hídrica continúa siendo escasa en amplios sectores, con una recomposición parcial y desigual.


Precipitaciones acumuladas entre el 21 y 27 de enero


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